Pocas cosas dicen tanto de una vivienda como su escalera, y pocas se descuidan tanto en el diseño y en la obra. Una escalera bien resuelta cumple tres condiciones. Primero, la proporción entre huella y contrahuella: si la pisada es corta o el peldaño demasiado alto, el cuerpo lo nota en cada paso. Segundo, la seguridad: barandillas firmes, buena iluminación y materiales antideslizantes no son opcionales. Tercero, la coherencia con el espacio: la escalera no solo conecta plantas, también conecta recorridos, luz y vistas, y tiene que formar parte de la casa, no parecer un añadido.
Los errores más habituales son conocidos: peldaños irregulares, giros mal resueltos, tramos sin descanso o escaleras que, sencillamente, no invitan a subir. Casi todos nacen de lo mismo: dejar la escalera para el final, cuando la distribución ya está cerrada y solo queda encajarla en el hueco que sobra. Al revés funciona mucho mejor: decidir desde el principio dónde arranca, cómo llega la luz, de qué material es el peldaño y cómo se apoya. En una casa de varias plantas, la escalera puede ser el elemento que ordena todo lo demás.
Una escalera que no se nota
En nuestros proyectos de vivienda unifamiliar, la escalera se diseña con la casa, junto con la estructura, el material y la luz. Cuando fluye y no se nota, normalmente está bien hecha.
Este artículo parte de un vídeo de Juan Goñi Uriarte, arquitecto y cofundador de Klic Arquitectos, en su canal de TikTok @juangoniarquitecto.

