Vivir junto al mar tiene ventajas evidentes: la luz, las vistas, la brisa. También tiene una realidad que no siempre se tiene en cuenta al comprar o proyectar: una vivienda en la costa envejece más deprisa. La humedad, la salinidad, el viento y la exposición constante al sol afectan a las fachadas, las carpinterías, las estructuras metálicas y las instalaciones. Si los materiales no se eligen pensando en ese entorno, el deterioro llega antes.
Por eso, en una casa frente al mar el diseño empieza por el lugar. Hay que elegir materiales adecuados para el ambiente marino, carpinterías de calidad (lo explicamos en aluminio o PVC), protección frente a la humedad, tratamientos anticorrosión en todo lo metálico y detalles constructivos que eviten que el agua y la sal se queden donde no deben. Y un mantenimiento preventivo pensado desde el proyecto, no improvisado cuando aparece la primera mancha. Si vas a comprar una casa en primera línea, revisa también el estado de estos elementos: el óxido en barandillas y armaduras o las juntas degradadas dicen mucho de lo que viene después.
Construir sabiendo dónde está la casa
La clave no es evitar el mar, sino proyectar para él. Así trabajamos las reformas de villas en la Costa del Sol y las reformas en primera línea de playa: una vivienda bien diseñada para su entorno se disfruta más y envejece mejor.
Este artículo parte de un vídeo de Juan Goñi Uriarte, arquitecto y cofundador de Klic Arquitectos, en su canal de TikTok @juangoniarquitecto.

